En octubre de 1910, durante un periodo vacacional, decide realizar un viaje para conocer el nacimiento del Duero. Lo hace en autobús y a caballo, pasando por distintos pueblos y compartiendo asiento y conversación con la gente de la zona, rudos labriegos y campesinos. De ahí surge el romance de “La Tierra de Alvargonzález”, que se publicará en 1912 dentro del que será su tercer libro de poemas, Campos de Castilla.
Este libro, que obtuvo un éxito inmediato y es hoy, para muchos, la cumbre de la poesía machadiana, bebía de los paisajes y escenas protagonizadas por las rudas gentes de Soria, que calaron en el alma sensible del poeta desde el principio. El Duero, con su ribera de álamos y chopos tatuados; la Plaza Mayor, donde repican las campanadas del reloj de la Audiencia; los viejos olmos, las colinas nevadas… todos ellos quedan inmortalizados en las páginas de Campos de Castilla.