En sus paseos solitarios por Baeza, “a solas con mi sombra y con mi pena”, Machado encontró inspiración en la catedral, escenario del poema de la lechuza.
Por un ventanal,
entró la lechuza
en la catedral.
San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.
La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón