La abuela paterna, Cipriana Álvarez Durán, fue una segunda madre para Manuel y Antonio, dada la responsabilidad de su nuera al frente de la confitería que regentaba en Triana.

Fue además una innegable influencia artística para los primogénitos, dado que se trataba de una enamorada de la pintura. Existe de hecho un retrato de un pequeñísimo Antonio Machado realizado por la propia matriarca».

Aunque ambos nietos se sintieron versados por estas artes, fue en especial Manuel quien más disfrutaba con las asiduas visitas al Museo de Sevilla y que definía su obra como una «transfusión del color a la palabra».

Como artistas, le fascinaba Velázquez, Goya y Rembrandt, como se puede apreciar en estos versos sobre «Lección de anatomía»:

«Fue Rembrandt vencedor de luz y sombra

Y el dolor tuvo su primer retrato

y la miseria su pintor soberbio».