Cuando Antonio Machado llegó a Collioure ya había llegado y seguía llegando una multitud de personas que como él huían de España. Hacía frío. Llovía. Iban a la deriva. Nada que ver con el pueblo turístico que se conoce hoy.
Al fondo de la calle principal se divisaba la iglesia del pueblo y a mano derecha del castillo. La iglesia ostentaba en su frontón el lema de la república francesa «Liberté, Égalité, Fraternité» que tanto hubieran querido ver cumplir estos exiliados.