Desde el hotel Bougnol Quintana, por la actual calle Antonio Machado (en aquel entonces Rue de la Parre), a escasos 300 metros, se sitúa el cementerio de Collioure, donde descansan los restos del poeta y de su madre en una tumba muy sencilla situada nada más entrar al recinto. No puede pasar desapercibida. Sea cual sea la hora del día, siempre hay alguien delante de ella. Está repleta de flores y recuerdos y el buzón colocado por la Fundación en su cabecera rebosa de poemas y cartas de todo tipo.
Incluso, en una noche oscura de 2007, dos mujeres colocaron, en un anonimato total, una cerámica pegada a la lápida, con los últimos versos del poema Retrato.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.