En el número 11 de la entonces llamada «Orilla del Río», nacía la madre de Machado, Ana Ruiz Hernández, el 28 de febrero de 1854. Su familia, muy vinculada al arrabal, se ganaba la vida a través del comercio marítimo.

Tal vez fuera su madre el único miembro de la familia sin un interés expreso por la intelectualidad, sino por dedicarse a una ejemplar crianza de los hijos y de la gestión doméstica.

Machado le dedicaría varios versos, a menudo entroncados con su infancia, en reflejo de la tremenda unión que mantuvieron durante toda su vida, hasta el punto de que ambos estén enterrados juntos en Colliure:

«El buen perfume de la hierbabuena, y de la buena albahaca, que tenía mi madre en sus macetas», reza un fragmento de la obra «Soledades».

El propio autor describía la calle Betis como el escenario del romance entre sus progenitores. Lo hizo con su alter ego Juan de Mairena, y con las siguientes palabras: «Y fue que unos delfines, equivocando su camino a favor de la marea, se habían adentrado por el Guadalquivir llegando hasta Sevilla. De toda la ciudad llegó mucha gente atraída por el insólito espectáculo, a la orilla del río, damitas y galanes, entre ellos los que fueron mis padres, que allí se vieron por primera vez».