Tras su estancia en el palacio, concluida en 1879, la familia Machado-Ruiz se instala en el número 1 de la calle Mateo Alemán, rotulada en aquel momento como calle Navas. De ese tramo de su infancia, Antonio Machado recuerda un episodio que le marcó profundamente y que tuvo lugar muy cerca, en la plaza de la Magdalena. Era entonces Pascua, y en la época se estilaba dar «palos dulces», cañas de azúcar, a los niños.
Antonio, orgulloso de su manjar, lo compara visualmente con el de otro niño que por allí pasaba y, seguro de que el suyo era más grande, le pregunta a su madre buscando confirmación: «La mía es mayor, ¿verdad?». «No hijo -me contestó mi madre- ¿Dónde tienes los ojos?». «He aquí lo que llevo preguntándome toda mi vida». En su obra «Los complementarios», vuelve a narrarlo situando a su abuela en el lugar de su madre.