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En el número 11 de la entonces llamada «Orilla del Río», nacía la madre de Machado, Ana Ruiz Hernández, el 28 de febrero de 1854. Su familia, muy vinculada al arrabal, se ganaba la vida a través del comercio marítimo.
Tal vez fuera su madre el único miembro de la familia sin un interés expreso por la intelectualidad, sino por dedicarse a una ejemplar crianza de los hijos y de la gestión doméstica.
Machado le dedicaría varios versos, a menudo entroncados con su infancia, en reflejo de la tremenda unión que mantuvieron durante toda su vida, hasta el punto de que ambos estén enterrados juntos en Colliure:
«El buen perfume de la hierbabuena, y de la buena albahaca, que tenía mi madre en sus macetas», reza un fragmento de la obra «Soledades».
El propio autor describía la calle Betis como el escenario del romance entre sus progenitores. Lo hizo con su alter ego Juan de Mairena, y con las siguientes palabras: «Y fue que unos delfines, equivocando su camino a favor de la marea, se habían adentrado por el Guadalquivir llegando hasta Sevilla. De toda la ciudad llegó mucha gente atraída por el insólito espectáculo, a la orilla del río, damitas y galanes, entre ellos los que fueron mis padres, que allí se vieron por primera vez».
Ahondando en sus raíces observamos que los padres del literato, Antonio y Ana, contrajeron matrimonio en el antiguo número 20 de la calle San Pedro Mártir, en el corazón del barrio del Museo.
En ese domicilio particular consignamos dos fechas: el 22 de mayo de 1873 correspondería al día de las nupcias. El 29 de agosto de 1874, al nacimiento del primogénito de la familia, Manuel.
De nuevo una mudanza. La última dentro de la capital hispalense, pues teniendo Antonio la edad de ocho años, su familia pondría rumbo a Madrid, con el fin de conseguir la mejor educación posible para sus vástagos. El centro elegido sería la Institución Libre de Enseñanza, a cargo de Francisco Giner de los Ríos.
En el número 22 de O’Donnell nació Joaquín, el cuarto hijo de Antonio y Ana, y el último que vendría al mundo en Sevilla, en 1881. Aún faltarían por nacer Francisco y Cipriana, que lo harían en Madrid, si bien la benjamina fallecería a la edad de quince años.
Antonio «Demófilo» murió el 4 de febrero de 1893 por una esclerosis medular. El triste episodio sucedió en Triana, en el número 35 de la calle Pureza, donde se encontraba la vivienda familiar de los Ruiz. De hecho, fue el cuñado, médico de profesión, quien intentó salvar sin éxito la vida de Machado padre.
También había fallecido, no hacía mucho, Machado Núñez, el abuelo. Este momento es crucial en la vida de Manuel y Antonio, pues el nivel económico familiar cayó drásticamente, y con él los sueños de los prolíficos hijos.
A la sazón, Antonio sentía un gusto irrefrenable por el teatro, no sólo como espectador o autor, sino como actor. Tanto es así que llegó a interpretar pequeños papeles en las compañías de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza.
Las artes escénicas tuvieron que esperar, pues había que encontrar un sustento económico, que les llegó como redactores de verbos en el Diccionario de ideas afines.
Pero la pasión por la dramaturgia no desapareció, y entre la década de los 20 y 30 les llevaría a crear, casi conjuntamente, sonadas obras como La Lola se va a los puertos.
En la actualidad, una institución vela por el legado machadiano, como punto de partida, y con el estudio y promoción de la cultura tradicional andaluza, como auténtica meta.
En especial, su objeto de estudio es el padre de Antonio y Manuel, de ahí que incluso otorguen unos galardones anuales a la cuestión artística en la Semana Santa hispalense con el nombre de premios «Demófilo», o que editen una revista divulgativa sobre cultura tradicional andaluza con análogo nombre.
La fundación fue creada en 1985, y aún en la actualidad continúa con su labor, para asegurar que, medio siglo después, la esencia de los Machado sea la esencia de Sevilla.
Tras su estancia en el palacio, concluida en 1879, la familia Machado-Ruiz se instala en el número 1 de la calle Mateo Alemán, rotulada en aquel momento como calle Navas. De ese tramo de su infancia, Antonio Machado recuerda un episodio que le marcó profundamente y que tuvo lugar muy cerca, en la plaza de la Magdalena. Era entonces Pascua, y en la época se estilaba dar «palos dulces», cañas de azúcar, a los niños.
Antonio, orgulloso de su manjar, lo compara visualmente con el de otro niño que por allí pasaba y, seguro de que el suyo era más grande, le pregunta a su madre buscando confirmación: «La mía es mayor, ¿verdad?». «No hijo -me contestó mi madre- ¿Dónde tienes los ojos?». «He aquí lo que llevo preguntándome toda mi vida». En su obra «Los complementarios», vuelve a narrarlo situando a su abuela en el lugar de su madre.
La abuela paterna, Cipriana Álvarez Durán, fue una segunda madre para Manuel y Antonio, dada la responsabilidad de su nuera al frente de la confitería que regentaba en Triana.
Fue además una innegable influencia artística para los primogénitos, dado que se trataba de una enamorada de la pintura. Existe de hecho un retrato de un pequeñísimo Antonio Machado realizado por la propia matriarca».
Aunque ambos nietos se sintieron versados por estas artes, fue en especial Manuel quien más disfrutaba con las asiduas visitas al Museo de Sevilla y que definía su obra como una «transfusión del color a la palabra».
Como artistas, le fascinaba Velázquez, Goya y Rembrandt, como se puede apreciar en estos versos sobre «Lección de anatomía»:
«Fue Rembrandt vencedor de luz y sombra
Y el dolor tuvo su primer retrato
y la miseria su pintor soberbio».
Como se recoge en «La Sevilla de los Machado», los dos hermanos «han dejado constancia de su paso por el parvulario de un tal Señor Sánchez».
Hablamos del solar que hoy es la calle Menjíbar, antigua plaza de las Monjas, donde hay una amplia zona residencial que hace difícil imaginar allí la institución de enseñanza a la que el poeta dedicó estos versos:
«Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco
que lleva un libro en la mano»
Muy próxima al palacio de Las Dueñas, se levanta, como tantas otras de las existentes en el centro histórico de la ciudad, sobre el solar de una antigua mezquita, con las características constructivas de aquellas primeras iglesias gótico-mudéjares de Sevilla. Sin embargo, las muchas ampliaciones y reformas tanto interiores como exteriores llevadas a cabo durante siglos (1504, 1710, 1724, 1788, 1959…), han modificado en parte su fisonomía y estructura original, de la que apenas quedan la bóveda mudéjar de la Capilla Sacramental y una interesante portada gótica.
La iglesia es sede de la famosa Hermandad de la Amargura, conocida como el silencio blanco y que hace su estación de penitencia el Domingo de Ramos, así como de la popular Hermandad de la Virgen de la Cabeza, corporación de gloria filial de la hermandad matriz de Andújar.
Antonio Machado es bautizado en esta iglesia de San Juan de la Palma el 28 de julio de 1875, frente al mismo altar donde años después contraerá matrimonio su hermano Manuel.
Situado en el centro de la ciudad, es propiedad de la Casa de Alba. Construido entre los siglos XV y XVI, y fundado por la familia de los Pineda, que lo vendieron en 1484 a doña Catalina de Ribera, debe su nombre al monasterio de Santa María de las Dueñas, que en 1248 se conocía como Compañía de Dueñas y cuyas monjas se encargaban de dar servicio a reinas y esposas de los reyes de Castilla Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio.
El palacio se compone de un majestuoso conjunto de patios, edificios y jardines, abarcando estilos que van desde el gótico-mudéjar hasta el renacentista, y conteniendo un riquísimo muestrario de tejas, azulejos, encalados y cerámicas. Uno de sus principales atractivos es la importante colección artística que contiene, fundamentalmente pintura española de los siglos XIX y XX, si bien alberga piezas anteriores de Bassano o Francesco Furini, y una Virgen de Neri di Bicci que preside el altar de la capilla.
Antonio Machado nació en una de las modestas viviendas que se alquilaban en el recinto, siendo su padre por entonces administrador de la Casa de Alba.
Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel
Obra en tres actos y en verso, escrita por Manuel y Antonio Machado. Estrenada en el Teatro de La Princesa de Madrid, el 9 de febrero de 1926.
Argumento: el hijo bastardo del conde-duque de Olivares (valido de Felipe IV), Enrique de Guzmán, le pide a su padre que le devuelva la libertad pasada aun a costa de perder los títulos y bonanzas de su vida cortesana. El protagonista quiere sentirse de nuevo un individuo que pasa desapercibido dentro de una escala social inferior. El padre le busca esposa en la joven noble y rica Juana pero él sigue prendido por el amor por Leonor. Ante la firme decisión de su hijo, el conde recluye en un convento a Leonor pero esta escapa vistiéndose de hombre hasta llegar de nuevo a Enrique. Pero los impedimentos interesados hacen imposible el reencuentro de modo que Leonor marcha a América y Julián entra en una aguda hipocondría que no salva ni la muerte de su padre ni la vuelta a la vida bohemia.
Por este lugar, que conduce a la ermita barroca dedicada a Nuestra Señora del Mirón, junto a los restos mejor conservados de la muralla de la ciudad medieval de la ciudad, paseaba Machado con Leonor ya enferma. A su vuelta de París, precipitada por recomendación médica, Machado alquiló una casa cerca de este paseo para que Leonor pudiera respirar el aire puro de Soria. No en vano, este es uno de los lugares más altos de la ciudad, desde donde se pueden obtener vistas maravillosas del Duero y del casco urbano. Al final del paseo, en la plazoleta de los Cuatro Vientos, se levanta una escultura homenaje de la pareja.
Junto a la iglesia del Espino se sitúa el olmo al que Machado cantó en su poema y al lado, el cementerio municipal, en el que reposa el cuerpo de Leonor, esposa y musa del poeta.
En este lugar, antiguo Convento de la Merced, se ubicaba en la época de Antonio Machado, un hospicio que el propio poeta describe muy negativamente. En su poesía, que ya plantea un importante problema de ética social, habla de las malas condiciones de habitabilidad del edificio y de la triste suerte de los niños que lo habitaban.
El actual parque del Castillo de Soria, además de albergar el Parador que lleva el nombre del poeta, sigue conservando algunos restos de lo que fue su imponente castillo, que defendió los intramuros de la ciudad y al que no olvida mencionar Machado en sus versos:
«Soria fría, Soria pura
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas ennegrecidas.»
Campos de Castilla. Campos de Soria (CXIII)
La famosa ermita, lugar original donde vivió el patrón soriano, está asentada sobre una roca y para acceder a ella debemos atravesar la gruta.
En la plazoleta de entrada, fue donde los sorianos homenajearon al poeta el 5 de octubre de 1932, acto oficial en el que el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo de la ciudad y nombró el lugar como el Rincón del Poeta. Fue la primera y última vez que Antonio Machado volvió a Soria tras la muerte de Leonor. Hoy una placa recuerda aquel momento.
Fue aquí donde el poeta pisó por primera vez la ciudad de Soria en el año 1907 y fue también desde este lugar donde desolado y triste partió en 1912 tras la muerte de su esposa Leonor. Actualmente no existe la estación, pero una placa recuerda en el lugar de la llegada de Antonio Machado a nuestra ciudad.
En el número 54 de la céntrica calle Collado se encontraba la primera pensión en la que se hospedó Machado a su llegada a la ciudad. Permaneció allí hasta finales de 1907. Actualmente ya no existe.
En la fotografía Regina Cuevas, Concha Vinuesa e Isidoro Martínez patronos de la primera pensión.
En este lugar se encontraba la modesta pensión en la que se alojó Machado regentada por los padres de Leonor. Aquí fue donde la conoció y donde se enamoró de la que sería su esposa. Ya no existe, pero una placa recuerda su ubicación en la calle, en pleno centro de la ciudad.
Construida entre los siglos XII y XIII, su fachada es un magnífico ejemplo de la escultura monumental románica en la que como si de un libro sobre la piedra se tratara, se representan pasajes de la biblia. Lugar de rezos y recogimiento por donde se dejaba ver todos los domingos Antonio Machado acompañando a su esposa, Leonor.
Antiguo convento de Jesuitas del S. XVII, transformado posteriormente en centro de Enseñanza Secundaria, fue el Instituto General y Técnico al que Machado llegó para impartir clase de Lengua Francesa en 1907. Hoy en día, el centro recibe el nombre del ilustre profesor y en sus alrededores pueden verse dos esculturas que recuerdan al poeta: una cabeza de bronce de Pablo Serrano (1982) y una reproducción del poeta sentado, también en bronce, de Ricardo González Gil (2010). En su interior conserva intacta el aula en la que Machado impartía sus clases, además de toda la documentación académica que éste dejó como profesor.
Soledades, galerías, otros poemas
Soledades. Galerías. Otros poemas es la recopilación poética más importante de la primera época de Antonio Machado, inmediatamente anterior al tema de Soria y del paisaje castellano. En el Machado de esta etapa ya se perciben algunos de los elementos que iban a presidir su obra: determinadas metáforas, gratas al poeta, temas de una concreta vibración personal y, sobre todo, esa reconocible altura poética y tono diáfano que le acompañó desde el principio: «Yo voy soñando caminos de la tarde.»
Campos de Castilla
La estancia de Antonio Machado en Soria y el contacto diario con la tierra, paisaje y alma castellanos, contagiaron al poeta de su hondura esencial hasta lograr una identificación y un eco en su interioridad lírica. Campos de Castilla, su libro capital, representa la expresión de esta andadura. A la exposición de lo temporal, de lo objetivo y de lo efímero -la poesía es palabra en el tiempo-, Antonio Machado comunica su preocupación filosófica y su meditación en torno al destino de España.
Periódico El Porvenir Castellano
El Porvenir Castellano fue un bisemanario (lunes y jueves) empezado a publicar en 1912 en la ciudad de Soria, dirigido por José María Palacio y administrado por Marcelo Reglero Pérez, en cuyo impulso tuvo mucho que ver Antonio Machado, quien colabora en él de 1912 a 1916.
Periódico La Voz de Soria
La Voz de Soria, fundado en 1922 por Mariano Granados, nació con el propósito de modernizar la prensa soriana y sacudir el letargo de la provincia. En un contexto de estancamiento regional, el periódico se convirtió en un faro de ideas progresistas y regeneracionistas, contando con una nómina de colaboradores excepcional para una publicación de provincias.
Antonio Machado, que aunque ya residía en Segovia mantenía un vínculo emocional inquebrantable con Soria, fue una de las firmas más prestigiosas del diario. Su relación con el periódico no fue solo literaria, sino de profunda lealtad hacia la tierra que inspiró su Campos de Castilla.
En sus páginas aportó fundamentalmente artículos de corte cívico y pedagógico, abogando por la cultura como motor de cambio. Colaboró también con textos dedicados a figuras locales y en defensa del patrimonio soriano, reflejando su preocupación por la «España real» y el paisaje castellano.
Para Machado, escribir en este diario significaba mantener viva la llama de su juventud y su compromiso con la educación del pueblo, en sintonía con el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.
La tierra de Alvargonzález
Relato publicado en la revista Mundial Magazine en 1912. Luego, romance en Campos de Castilla.