No terminaron aquí las penalidades familiares ya que la muerte del abuelo, quien aportaba la mayor parte de los ingresos familiares, obliga al traslado familiar a un piso aún más económico, apenas 55 pesetas mensuales, que se convertirá en el telón de fondo de las desgracias familiares. En 1895 es Cipriana, la abuela de Antonio Machado, quien figura como cabeza de familia y único sustento familiar.